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sábado, 30 de marzo de 2013

Microrrelato 161 - Buenas noches


Jimmy sabía que su madre estaba molesta cuando no había beso de buenas noches. 

Aun enojada, todo en ella permanecía igual. La expresión de la cara, serena y calmada; sus diminutos ojos grises, parapetados tras unas gafas que se deslizaban con frecuencia por una nariz delgada y puntiaguda, a salvo tras los cristales, seguros e inaccesibles como sus pensamientos y emociones. 

Nunca le había pegado —ella no—, ni siquiera el día que se coló en su habitación de trabajo y pintarrajeó sobre todos sus lienzos. Nunca. No era de esas madres. Tan sólo permanecía allí unos segundos, sobre la cama, inmóvil tras arroparle, y entonces se marchaba. 

Uno la veía salir de la habitación; apagar la luz y cerrar la puerta con extremo sigilo, como si todo estuviera bien. Pero era la ausencia del beso lo que la delataba. 

Y esa ausencia escocía más que la peor de las bofetadas.




lunes, 21 de enero de 2013

Microrrelato 160 - No pensar


"Hacer cualquier cosa para mantener la mente ocupada". Eso fue lo que me dijo. Vaya puta mierda de consejo, pensé, y, durante un segundo, olvidé que mi mundo... su mundo... y en definitiva, todo nuestro jodido universo, había implosionado... pulverizando nuestras vidas, nuestros sueños... desintegrando nuestro futuro.




sábado, 12 de enero de 2013

Microrrelato 159 - Encontronazos



Recuerdo aquella noche en el cine, con la sala casi vacía. Yo era el espectador de la penúltima fila y tú pasabas por allí cuando nuestras rodillas se rozaron. Apenas lo notaste, pero a mí se me puso dura. Quizás fue un accidente, o una zancadilla deliberada. Jamás lo sabrás, porque ibas absorta en tus palomitas hasta que las volcaste sobre mí y me bañaste en coca cola. Y no dijimos nada; yo, con mi ropa empapada y la polla empalmada; tú, con la mirada perdida en aquella pérdida. Y así, sin saber muy bien cómo, pasé a ser espectador en primera fila de la peli porno que proyectabas entre mis piernas.




Microrrelato 158 - Los escritores



¿Recuerdas cuando empezó todo?

Solías escribir historias de amor, enredada entre las sábanas, mientras yo dormía a tu lado, ajeno a tus ensoñaciones; ausente voluntario de tu empalagoso mundo rosa. A veces me despertaba tu risa; otras, el cosquilleo de la pluma sobre mi espalda, cuando agotabas todo el papel y no te importaba embadurnarme de tinta y finales felices. Obviando esas excepciones, rara vez coincidíamos.

Yo solía escribir historias de terror; de monstruos y asesinatos macabros, de palabras lúgubres y finales funestos. Aprovechaba el silencio de la noche, la escasa luz del portátil, la soledad… Mientras, la almohada ocupaba entre tus brazos el lugar de mi ausencia.

Esas noches dormías inquieta; rodabas de un extremo a otro por la cama, como si las pesadillas que volcaba sobre el teclado se derramasen también sobre tus sueños.

Podría decirse que veíamos la realidad de maneras distintas y, aunque hasta ahora el pasado avala tu visión rosa, yo, que he visto el mundo desde las sombras, aún temo la llegada del monstruo que un día escribirá el final trágico.




Microrrelato 157 - Sueños rotos al despertar



Odio las noches sin tu sonrisa.

Odio hacer el gilipollas para arrancar una de tus labios y fracasar estrepitosamente. Odio que cualquier otro gilipollas te la robe con una mirada. En esos momentos debería levantarme y marcharme —ahí te quedas—, o levantarme y liarme a puñetazos con el fulano de turno, pero en ningún caso permanecer allí sentado mientras tú te vendes a un mejor postor.

Sin embargo, así es la vida, dicen todos esos cobardes que no se atreven a descambiarla por una menos defectuosa.

Y qué dura es a veces…

Sobre todo esos días que comienzan con una despedida; con una luz verde parpadeando en el móvil; un par de líneas que te despiertan y, a bocajarro, en un instante, revientan todos tus sueños.

Yo en esos días sonrío —que para llorar siempre hay tiempo—, me encojo de hombros, me doy la vuelta en la cama, y finjo que sigo soñando. Y aunque no pueda dormirme seguiré allí tumbado, porque, diatribas heroicas aparte, así es la vida.




sábado, 20 de octubre de 2012

Microrrelato 156 - Novela negra



Al final del tercer día John se animó a coger aquel libro. Llevaba media semana hundido entre las sábanas, buscando las ganas de vivir bajo la almohada. Cuando abandonó la búsqueda el libro lo miró desde la estantería, y le guiñó un ojo. "El sueño eterno", decía en la portada. No era precisamente lo que estaba buscando, pero era justo lo que deseaba. Aquel título le llamó la atención; le mordió la curiosidad y ya sólo pudo liberarse abriendo las fauces del libro. No sabía que en aquella vieja obra de Chandler sólo encontraría la misma sociedad suciedad de la que estaba huyendo.



viernes, 12 de octubre de 2012

Microrrelato 155 - La extraña pareja


Rubén es tan curioso y tan despistado que no puede evitar preguntarse dónde ha dejado olvidada la empatía, o si alguna vez la tuvo. 

"Todo va a salir bien", miente. 

Junto a él, Inés llora en silencio; el llanto mudo de quien ha agotado todas las palabras y usa el comodín de la mirada. Pero al otro lado nadie contesta. Y es que Rubén está jugando a ser curioso con las lágrimas. ¿De qué están compuestas? ¿Por qué ruedan así? ¿Qué mecanismo las controla? 

Inés también se pregunta sobre el llanto. ¿Por qué lo provoca quien se supone que ha de hacerla sonreír? Busca una respuesta. Está justo delante de sus narices, pero no la encuentra. No quiere encontrarla. 

Rubén sí la conoce. No es más valiente, pero su forma de pensar le llevó enseguida hasta ella. Y le da igual. A él sólo le interesa la belleza de las lágrimas; la de Inés, que es preciosa —más aún, si cabe— cuando llora. Y allí sigue, sentado junto a ella en el banco del parque, tan curioso y tan despistado que no puede evitar preguntarse dónde ha dejado olvidados sus sentimientos. O si alguna vez los tuvo.




domingo, 7 de octubre de 2012

Microrrelato 154


Ebrio de lujuria la besó, empotrándola contra la pared, tal vez sin darse cuenta de que el colchón del faquir estaba apoyado en vertical, justo detrás.




sábado, 6 de octubre de 2012

Microrrelato 153 - Cuando los monstruos son de verdad


A Jack le gustaba morderles el cuello y beberse su sangre; salía cada noche en busca de una presa y siempre regresaba antes del amanecer, con su sed saciada y la ropa cubierta de salpicaduras. 

Lo más espeluznante de todo aquello es que, al contrario que en la novela fantástica, Jack no era un vampiro.





sábado, 15 de septiembre de 2012

Microrrelato 152 - Indiferencia



Y allí estaba, con la boca abierta y la mirada perdida mientras el forense abría las bolsas y dejaba al descubierto los cadáveres de su familia; ciertamente sorprendido. No por lo impactante o inesperado de la noticia, sino porque, en aquel mismo instante, descubrió que no le importaba.




viernes, 14 de septiembre de 2012

Microrrelato 151


Miraba la puerta. Cada noche llegaba a casa exhausto, llenaba medio vaso de güisqui, y esperaba. Esperaba mientras miraba la puerta. Su parte creativa se había marchado semanas atrás, y tal vez ya nunca regresaría.




sábado, 25 de agosto de 2012

Microrrelato 150 - Sueño eterno



El guerrero dejó caer su espada y se recostó contra una roca, sujetándose una fea herida en el costado con ambas manos. Apenas podía mantener los ojos abiertos tras el combate. Estaba tan casado que pensó que podría dormir durante toda la eternidad. Y eso hizo.




viernes, 10 de agosto de 2012

MICRORRELATO 149 - CUANDO NACES PARA ESTAR SOLO


Siempre supe que estaba destinado a una vida miserable. Ya me lo advertías a veces, cuando me encontrabas alguna madrugada sentado en el jardín, hablándole a las estrellas. Moreno, la gente como tú nunca es feliz, me decías, y aderezabas tus palabras con la mirada más triste de tu repertorio. Y claro, así cómo iba a ser feliz.

Yo me daba cuenta cada noche que pasaba en vela, perdido en camas ajenas, incapaz de dormir con alguien a mi lado. Cuando nunca, ni en la sala más abarrotada, ni sobre los hombros de hermanos de borrachera, ni bajo la amante más dedicada, dejaba de estar solo. También en el entierro de mis padres, mientras una horda de desconocidos se turnaba para hacerme compañía y consolarme, rescatando para la ocasión un puñado de frases hechas. No sabían que yo lloraba porque me sentía un extraño. Y, por supuesto, me di cuenta aquella vez que te llevé flores y tu marido me abrió la puerta. Llegaba doce años tarde.

Pero nunca fui más desdichado, ni más consciente, que aquella noche en la que abandonaste el abrazo de las sábanas para buscar el mío y me sorprendiste mirando la lluvia por la ventana. Aquella noche me abrazaste por la espalda y a traición me apuñalaste en un susurro: "¿Recuerdas cuando éramos felices?".

Y no.

No me acordaba.




martes, 7 de agosto de 2012

MICRORRELATO 148 - LA PRINCESA


En el día de su cumpleaños hicieron llamar al mejor músico del reino para que tocase su mejor pieza ante la princesa. La melodía era tan maravillosa y el instrumentista tan virtuoso que la música conmovió a la joven, y las lágrimas inundaron sus ojos hasta desbordarse con un parpadeo. El músico palideció al instante. Porque hasta en el rincón más recóndito del reino se había oído hablar de la agónica muerte que aguardaba a todo aquel que hiciese llorar a la princesa.




domingo, 5 de agosto de 2012

MICRORRELATO 147 - ÉTRANGE VOYEUR


El veraneante se sentó bajo la sombrilla a ver pasar muchachas en bikini. La primera vez que una mujer atractiva cruzó por delante de su sombrilla aprovechó para echarle un ojo con disimulo. La segunda vez se quedó ciego.




MICRORRELATO 146


De un modo u otro las mujeres siempre lo abandonaban. "De otro, esta vez será de otro", susurró mientras la estrangulaba.




INCURSIÓN POÉTICA 2 - GRIETAS


Un baile de miradas; 
de palabras no pronunciadas. 
Una grieta los separa, y él la añora. 
Pero ella suspira aliviada.




viernes, 20 de julio de 2012

Microrrelato 145 - La ira del muñeco de nieve



El muñeco de nieve había jurado matarlos a todos. La última noche de invierno se arrojó ladera abajo; su rabia fue creciendo hasta convertirse en ira asesina, y la muerte rodó sobre el valle. Los demás muñecos allá abajo fueron masacrados; decenas de cadáveres esparcidos sin orden, concierto, ni forma. Por la mañana, el sol de la primavera borró las huellas.




martes, 17 de julio de 2012

Microrrelato 144 - Sobre la dificultad de encontrar un nombre adecuado para los personajes

El perro no tenía nombre. 

Por cómo hurgaba en los restos de basura que rodeaban el viejo contenedor, en busca de algo que poder masticar, podría haberse llamado Sobras. De vez en cuando se rascaba con ahínco tras la oreja y parecía convencido de que arrancarse aquel molesto apéndice era la única manera de librarse de la comezón que lo atormentaba; así que también podría haberse llamado Pulgoso. Pero lo cierto es que no tenía nombre. 

El vigía sí tenía un nombre, aunque lo guardaba para sí. 

Llevaba un rato observando al perro, y algo menos tratando de buscarle un nombre adecuado. No era muy bueno con eso. A lo que hacía allí lo llamaba "La Guardia", y en cuanto a la estructura herrumbrosa desde la que oteaba el horizonte, solía referirse a ella como "La Torre". Así que estuvo pensando en cómo llamarlo mientras el can le ladraba al viento, y siguió pensando algo después, cuando el perro encontró un viejo cojín y se concentró en mordisquearlo a conciencia. No dejó de pensar en ello ni siquiera mientras el chucho corría tras una rata, ni cuando ésta desapareció entre los escombros y él se tumbó en el suelo con aire abatido. Pero nada. 

Consideró la posibilidad de pedir ayuda, pero estaba solo. A esas alturas no quedaba mucha gente con vida que pudiese ayudarle en la tarea; pese a las ocho horas al día que dedicaba a La Guardia, el vigía llevaba semanas sin ver otro ser humano. 

Al final de la tarde, al caer el sol, el chucho se hartó de husmear por allí y se largó. Desde lo alto de La Torre el vigía vio en silencio cómo se marchaba tras su propia sombra alargada. Pensó en llamarlo, pero no pudo, porque aquel perro no tenía nombre.




Microrrelato 143 - El aprendiz


Sonreí cuando le vi llegar. No lo hice porque me alegrara de verle, sino porque me había encontrado; empezaba a comprender la sutil magia que mueve las cosas. De algún modo había sabido que yo estaría allí, como yo sabía que él me encontraría. “Estás aprendiendo”, observé, y la sonrisa que me devolvió desbarató la mía mientras un escalofrío me recorría la espalda. Había poder en aquel gesto; no era la sonrisa de un aprendiz, sino la de alguien que sabe demasiado.